¡Qué lucha! ¡Qué espectáculo! Tú ruges;
te retuerces febril como una fiera;
lames el hierro; muerdes la madera...
¡mientras que con titánicos empujes
inflo yo la manguera,
por el férreo pitón busco salida,
y en diluvio sin fin, ebria de vida,
trémula de ansiedad y de esperanza,
caigo sobre tu hoguera maldecida!
¡Oh frenética danza
la que, al luchar los dos, desenvolvemos!
¡Oh, estertores supremos!
Tú eres la tempestad, yo la bonanza;
tú el mal, yo el bien; tú el odio, yo el cariño;
¡mientras tú, criminal, das tus zarpazos,
yo, toda corazón, caigo en tus brazos
cantando como un niño!
Y es a un hombre, al bombero,
a quien yo sirvo. Dócil a su mano,
como a su corazón, un soplo humano,
un aliento inmortal, épico y fiero,
es el que sin medida
me da fuerza y tesón, para vencerte,
para abrir mis tentáculos de vida
por entre tus parábolas de muerte.
Más que tu mismo, del bombero arde
la encendida pupila.
No es la del fanfarrón, ni del cobarde
su noble faz ni su actitud tranquila.
El hacha en alto, trepa la escalera:
no tiembla, no vacila;
corre sobre un tabique ya en escombros;
desaparece; ya no se le espera...
¡cuando de repente, asoma entre la hoguera
con un cuerpo infantil sobre sus hombros!
Y las chispas crepitan;
y cruje la armazón que se derrumba;
y las llamas vomitan
no sé qué infectos hálitos de tumba.
Y llega, entre el ruido
del incendio, el clamor de una campana;
angustioso alarido
como de voz humana
al que responde el son de la corneta,
trémula, aguda, inquieta...
Y entre el humo falaz que se desfloca
en negras espirales,
se ve la torre - espléndido edificio -
desde donde el bombero te provoca,
y héroe del bien, conquistador de ideales,
se gana con su sed de sacrificio
coronas inmortales.
¡Hurra por el bombero
que entre el tumulto del vivir, no olvida
de todos sus deberes, el primero;
¡el de saber ser hombre ante la vida!
¡Hurra por el que, oyendo la campana
de su amado cuartel, se hace más fuerte
que la estulticia humana,
hecha burla, irrisión o vilipendio;
y al desafiar impávido la muerte
halla su apoteosis soberana
entre las llamaradas de un incendio!